Con cien pesos en las manos de Santiago Azar

Otra vez la lágrima, de pie a cabeza me recorre la nostalgia, de las rosas doradas de nuestros ojos. Mis queridos compañeros, les pido que junten cien pesos en cada mano y levantemos dos cervezas, así un brindis de espuma y calor, desfilará como primavera entre los sueños. Volverán nuestras risas de tarde en tarde, los juegos y el caballo de bronce en el polvo; las historias jamás terminadas. Yo me traje de todos un poco, el tren desde Santiago venía despacio y no alcanzó a devorarse los recuerdos. Me traje tus camisas, Edgardo, tus botas que gritaban, Diego, tus páginas y revistas, Oscar; me traje toda una vida revuelta, porque éramos tantos y sólo uno. Fueron muchas las noches de sueños con versos perfectos, muertos que volvían de sus tumbas a saludarnos, porque la poesía nos conocía y nos besaba. Nosotros éramos un poema que quedó inconcluso. Volverán las cosas, las risas, los llantos, tras los años en una lejana puerta, ese dichoso abrazo de fuego; un amigo en la distancia: un lucero. Tras los años, en alguna puerta lejana, la propia juventud tras nuestras canas; tras los años en alguna casa lejana, con cien pesos en la mano y el eterno brindis de seis muchachos entre espuma, calor y sueños.
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