Poemas de Gabriela Mistral
Poetisa, maestra, diplomática (1889–1957). Premio Nobel de Literatura 1945.
En 1914, en un concurso literario en Santiago, unos versos firmados con seudónimo ganaron el primer lugar y dejaron a todos perplejos: nadie conocía a «Gabriela Mistral». La autora era Lucila Godoy, una joven maestra de provincia de 25 años que había escrito los Sonetos de la Muerte tras la pérdida de un ser querido. Treinta años después, ese mismo nombre ficticio apareció en el diploma del Premio Nobel de Literatura — el primero en la historia de América Latina.
Temas de los poemas de Gabriela Mistral
Poemas de Amor Poemas de Amistad Poemas para niños Poemas cortos
Lista de poemas:
- Canción de las muchachas muertas
- La encina
- La extranjera
- Cosas
- Creo en mi corazón, ramo de aromas
- Día
- Escóndeme
- Éxtasis
- La abandonada
- La medianoche
- La mujer fuerte
- La sombra inquieta
- Leñador
- País de la ausencia
- Adiós
- Agua
- Amo amor
- Apegado a mí
- Atardecer
- Ausencia
- Balada
- Balada de mi nombre
- Besos
- Dame la mano
- Decálogo del artista
- Del nicho helado en que los hombres te pusieron
- Desolación
- Despertar
- Desvelada
- Devuelto
- Dios lo quiere
- Doña Primavera
- Dos ángeles
- Dulzura
- El amor que calla
- El ángel guardián
- El corro luminoso
- El encuentro
- El espino
- El establo
- El niño solo
- El papagayo
- El pavo real
- Este largo cansancio
- Hallazgo
- Himno al árbol
- In memoriam
- Interrogaciones
- Íntima
- La cajita de Olinalá
Sobre la poesía de Gabriela Mistral
La obra de Mistral se articula en torno a cuatro grandes libros: Desolación (1922), Ternura (1924), Tala (1938) y Lagar (1954). Desolación, publicado en Nueva York a instancias del Instituto de las Españas, la lanzó al reconocimiento internacional: es un libro de dolor contenido, marcado por la muerte y el amor frustrado. Ternura reúne sus célebres canciones de cuna y rondas infantiles, que se convirtieron en referencia para la poesía hispanoamericana dirigida a la infancia.
Los temas que atraviesan toda su poesía son la maternidad —vivida desde la ausencia y el deseo—, la muerte, la fe religiosa y la tierra americana. Mistral no escribía desde la abstracción: sus imágenes nacen del paisaje andino, de los valles de Chile, de la luz y la sequedad del norte. En Tala, considerado su libro más maduro, aparece con fuerza la identidad latinoamericana y la raíz indígena.
Como maestra y diplomática, Mistral vivió en México, España, Portugal, Brasil y Estados Unidos, entre otros países. Esa experiencia de destierro voluntario marcó su escritura: es una poesía de quien siempre mira hacia algún lugar que dejó atrás. Fue cónsul de Chile en varios países y colaboró con organisidades internacionales de educación. Murió en Nueva York en 1957; sus restos fueron trasladados a Monte Grande, el pueblo chileno donde creció.