El espino de Gabriela Mistral

El espino prende a una roca su enloquecida contorsión, y es el espíritu del yermo, retorcido de angustia y sol. La encina es bella como Júpiter, y es un Narciso el mirto en flor. A él lo hicieron como a Vulcano, el horrible dios forjador. A él lo hicieron sin el encaje del claro álamo temblador, porque el alma del caminante ni le conozca la aflicción. De las greñas le nacen flores. (Así el verso le nació a Job.) Y como el salmo del leproso, es de agudo su intenso dolor. Pero aunque llene el aire ardiente de las siestas su exhalación, no ha sentido en su greña oscura temblarle un nido turbador… Me ha contado que me conoce, que en una noche de dolor en su espeso millón de espinas magullaron mi corazón. Le he abrazado como a una hermana, cual si Agar abrazara a Job, en un nudo que no es ternura, porque es más ¡desesperación!
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