Elegía a una tarde de julio, II de Adolfo Sánchez Vázquez

Y ahora sí; ahora que el silencio ya no puede perdurar sobre el grito; ahora que la muerte se pone un uniforme, ávida de recoger su ansiada cosecha, olvidad vuestras dudas, vuestros pasos inciertos. De las tinieblas más viejas de la historia va a nacer un río de sangre que arrasará los campos y jardines, soberbias torres y humildes monumentos, altivos árboles y pobres matorrales. Todas las lágrimas del mundo, todo el odio que empuja a las fieras dentelladas va a reunirse de pronto en esta tersa piel de toro. Gritad, llamad, hombres del campo y las ciudades antes de que los prados se calcinen y las casas se desplomen en llamas. Pronto, pronto, antes de que el huracán del odio derribe en las ciudades las primeras paredes y quiebre en el campo las primeras ramas de los temblorosos árboles.
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