Hombre que mira el techo de Mario Benedetti

Siempre hay una jornada fuera de serie en que uno logra sentirse sereno pero está lejos de ser una canonjía ya que la serenidad no es el mejor de los estados posibles e imposibles hoy por ejemplo tomo distancia con respecto a las cosas y a mi mismo y no por eso echo al olvido qué joda era qué bueno era estar adentro del entrevero después de todo la famosa serenidad es una isla autorizada comonó y legal aunque rodeada inexorablemente por emociones clandestinas todavía me siento un poco incómodo en mis primicias de sereno como quien entra en un traje nuevo que tiene bajas las hombreras pero el cuerpo y el alma son animalitos de costumbres mañana la incomodida será menor y en pocos días me habré habituado a estar sereno eso me llena a veces de alegría es claro que se trata de una alegría serena y en consecuencia uno no sale a dar abrazos ni pega gritos ni le canta al cielo a lo sumo archiva caricias y otros prólogos por estricto orden cronológico también llega a invadirme el desconsuelo pero se trata de un sereno desconsuelo y por lo tanto nadie solloza ni dice mierda ni putea sencillamente como un modesto mago de rojo circo de domingo o de feria tomo los naipes del amor los bajajo con parsimonia y en las narices del viejo público que es como hacerlo en mis narices mágicamente los transformo en nuevos naipes de amistad lo único extraño viene a la noche pues se presume que un sereno ha de dormir serenamente pero yo paso horas y horas mirando el techo o sea que no sé hasta cuando estaré sereno porque la calma ya no da abasto hay que confiar y yo confio que no hay mal que dure cien años
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