La luna del dragón de William Ospina

Hablábamos de los dones de la tiniebla. De los amores muertos. Cuando se perfiló sobre el Oeste El oro espeso de la media luna. ‘Mira: es la Luna del Dragón’ —me dijiste. Y los dos la miramos Como si algo terrible pesara sobre el mundo. El hemisferio gris parecía lleno De hondos presentimientos. No había una estrella sobre el mar en calma De humaredas y torres. Nadie dijo: ‘Es la luz que hace al Dragón visible’. Nadie dijo: ‘Es la casa donde el Dragón habita’. Nadie dijo: ‘Es la luna que ampara a los dragones’. Miramos simplemente el cuerno rojo. La sobrehumana forma que doblegaba al cielo. Y pensamos acaso en los terrores De la culpa y la fiebre. ‘Sólo es la Luna del Dragón’ —me dijiste. Pero algo negro ascendió de mi infancia Y di gracias a Dios de no estar solo. Seguimos en silencio Mientras las nubes negras cercaban en la hondura Aquel objeto de alta magia y belleza. —’Tal vez el nombre viene de las baladas celtas’. —’Yo no sé por qué pesa y aflige como un sueño’. Era la Luna del Dragón, y nadie Parecía comprenderlo. Iban las multitudes, bulliciosas, urgentes, Atentas sólo a su pequeño misterio, Mientras sobre las hondas avenidas Un oro atroz vertía su intemporal influjo, Y algo terrible y bello batía sus alas rojas Como un polvo impalpable sobre las tristes tierras.
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