No dejes, pues, sin destilar tu savia de William Shakespeare

No dejes, pues, sin destilar tu savia, que la mano invernal tu estío borre: aroma un frasco y antes que se esfume enriquece un lugar con tu belleza. No ha de ser una usura prohibida la que alegra a quien paga de buen grado; y tú debes dar vida a otro tú mismo, feliz diez veces, si son diez por uno. Más que ahora feliz fueras diez veces, si diez veces, diez hijos te copiaran: ¿qué podría la muerte, si al partir en tu posteridad siguieras vivo? No te obstines, que es mucha tu hermosura
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