Puedo sentirla viniendo de lejos de Derek Walcott

Puedo sentirla viniendo de lejos, también, Mamá, la marea desde el día ha pasado su vez, pero aún noto que como una gaviota blanca relampaguea sobre el mar, su lado inferior atrapa el verde, y yo prometo usarlo después. La imaginación ya no se aleja con el horizonte, mas no hace sino volver. En el borde del agua devuelve cosas limpias y fregadas que el mar, a modo de basura, ha blanqueado, casto. Escenas dispares. Las casas de los esclavos, azul y rosa, en las Vírgenes bajo los vientos alisios. Mi nombre atrapado en la almendra de la garganta de la abuela. Un patio, un viejo bronceado con bigote como el de un general, un chico dibujando hojas de aceite de castor con mucho detalle, esperando ser otro Alberto Durero. Los he mimado más que a la coherencia mientras la misma marea para los dos, Mamá, se aproxima — las hojas de parra poniendo medallas a una vieja cerca de alambre y, en el patio pecoso de sombras, un anciano como un coronel bajo las verdes balas de cañón de la calabaza. Versión de Vicente Araguas Huerga y Fierro Editores
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