Retorno de Rubén Darío

El retorno a la tierra natal ha sido tan sentimental, y tan mental, y tan divino, que aún las gotas del alba cristalinas están en el jazmín de ensueño, de fragancia y de trino. Por el Anfión antiguo y el prodigio del canto se levanta una gracia de prodigio y encanto que une carne y espíritu, como en el pan y el vino. En el lugar en donde tuve la luz y el bien, ¿qué otra cosa podría sino besar el manto a mi Roma, mi Atenas o mi Jerusalén? Exprimidos de idea, y de orgullo y cariño, de esencia de recuerdo, de arte de corazón, concreto ahora todos mis ensueños de niño sobre la crín anciana de mi amado León. Bendito el dromedario que a través del desierto condujera al Rey Mago, de aureolada sien, y que se dirigía por el camino cierto en que el astro de oro conducía a Belén. Amapolas de sangre y azucenas de nieve he mirado no lejos del divino laurel, y he sabido que el vino de nuestra vida breve precipita hondamente la ponzoña y la hiel. Mas sabe el optimista, religioso y pagano, que por César y Orfeo nuestro planeta gira, y que hay sobre la tierra que llevar en la mano, dominadora siempre, o la espada, o la lira. El paso es misterioso. Los mágicos diamantes de la corona o las sandalias de los pies fueron de los maestros que se elevaron antes, y serán de los genios que triunfarán después. Parece que Mercurio llevara el caduceo de manera triunfal en mi dulce país, y que brotara pura, hecha por mi deseo, en cada piedra una mágica flor de lis. Por atavismo griego o por fenicia influencia, siempre he sentido en mí ansia de navegar, y Jasón me ha legado su sublime experiencia y el sentir en mi vida los misterios del mar. ¡Oh, cuántas veces, cuántas oí los sones de las sirenas líricas en los clásicos mares! ¡Y cuántas he mirado tropeles de tritones y cortejos de ninfas ceñidas de azahares! Cuando Pan vino a América, en tiempos fabulosos en que había gigantes y conquistaban Pan y Baco tierra incógnita, y tigres y molosos custodiaban los templos sagrados de Copán, se celebraban cultos de estrellas y de abismos; se tenía una sacra visión de Dios. Y era ya la vital conciencia que hay en nosotros mismos de la magnificencia de nuestra Primavera. Los atlántidas fueron huéspedes nuestros. Suma revelación un tiempo tuvo el gran Moctezuma, y Hugo vio en Momotombo órgano de verdad. A través de las páginas fatales de la historia, nuestra tierra está hecha de vigor y de gloria, nuestra tierra está hecha para la Humanidad. Pueblo vibrante, fuerte, apasionado, altivo; pueblo que tiene la conciencia de ser vivo, y que reuniendo sus energías en haz portentoso, a la Patria vigoroso demuestra que puede bravamente presentar en su diestra el acero de guerra o el olivo de paz. Cuando Dante llevaba a la Sorbona ciencia y su maravilloso corazón florentino, creo que concretaba el alma de Florencia, y su ciudad estaba en el libro divino. Si pequeña es la Patria, uno grande la sueña. Mis ilusiones, y mis deseos, y mis esperanzas, me dicen que no hay patria pequeña. Y León es hoy a mí como Roma o París. Quisiera ser ahora como el Ulises griego que domaba los arcos, y los barcos y los destinos. Quiero ahora deciros ¡hasta luego! ¡Porque no me resuelvo a deciros adiós!
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