Sonetos corporales de Carmen González Huguet

I

Tallo fecundo, de botón florido
con cálida corola coronado,
clavel triunfante, fuiste levantado
por empuje de sangre, recio, erguido.

Buscas, ciego, región donde, en olvido,
se abandone tu mar aprisionado
por estrecho canal, y encabritado,
salte en espuma, libre, enardecido.

Tu anhelo insatisfecho se repite
en rada sola, en plácida bahía
que espera que ese mar se precipite

en su claro recinto de agonía.
Pues a sed prolongada no sustenta
agua que no comprenda lo que sienta.

II

Vaciado de ti, solo, enardecido
por tu ausencia tan larga y dolorosa;
convertido en gimiente y suave rosa
y en solitario lar, inútil nido,

el vientre se ha trocado en carcomido
panal sin miel, ni abeja rumorosa
y solitario, en su esperar reposa
yermo, sombrío, confinado a olvido.

Huésped espera casa tan amable,
y quemante pasión; vida apacible
merece un habitante perdurable.

En mi carne de muro perecible
espera un sueño a que te sea dable
convertirlo en propósito tangible.

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