Tener que ver (I) de José Antonio Cedrón

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Dios mío, todos los días han sido
¿No nos ha quedado siquiera un
día nuevo?

MARIN SORESCU

Cuando el cuerpo no podía
quedaba horizontal y la carga ignorada.
Aún pasado el invierno no había cómo quitar
las manchas de alcanfor que marcaron el pecho
buscaban adelante, hacia atrás, en los lados
y el cuerpo estaba adentro.
Fue cuando me trataron de la respiración
y era cosa del aire.

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