Al tercer día de César Antonio Molina

Allí está larguísimo el camino dorado en su mañana.
A un lado, en medio del boscaje, las ruinas plateadas.
Al otro, ningún pasaje secreto.
Miro a mi alrededor:
allí fui la que soy aquí,
aquí soy la que fui allí.
Palomas torcaces se sobresaltan.
Pasos y buen aire en los pulmones
para errar por esta Tebaida bajo nubes de medianoche.
Yen cada encrucijada aquél y éste miran en torno.
La rama astillada del sauce cae.
Allí un remolino, la estatua rota esconde su rostro.
¿Dónde están?: los maizales más repletos,
la alta hierba ocultando a la liebre,
la hoja de mirto entre el ciprés severo,
la luz de una luciérnaga en el país de las hadas.
y los lagartos a la paz del sol sobre losas esculpidas rudamente.
¿Soy el alba que despereza el césped estrellado,
o la niebla que la oculta?
Pasos y buen aire en los pulmones.
Pero, al tercer día, el desaliento.
¿Dónde la armadura en la que iba a ver mi espíritu?
Allí está larguísimo el camino dorado en su mañana.
La mentira quiere el olvido,
la culpa expía el perdón.
Alrededor de puertas enmohecidas suplica una sombra,
mientras de las costas de los varios mundos
viene ya la caballería como una inmensa ola.

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