Oda en sáficos-adónicos de José Iglesias de la Casa

¿De qué me sirve, Primavera hermosa, que nueva vida a tus pensiles vuelvas, y aquestas selvas llenas de frondosos álamos verdes. ¿De qué me sirve que por estos valles esparzas rosas, siembres vïoletas, tiernas mosquetas, azucenas blancas, cárdenos lirios. ¿De qué me sirve que por sus orillas vierta la fuente perlas orientales, y en sus cristales el divino Febo néctares beba. ¿De qué me sirve que por la campiña salte tocando el dulce pastorcillo el caramillo con que da a su ninfa música alegre. ¿De qué me sirve que los pajaritos a coros trinen al romper del alba, y en dulces salvas llamen al radiante cándido Apolo. ¿De qué me sirve que mis corderillos corran jugando tras la madre blanca, y sin carlancas, sueltos mis mastines júbilo muestren. ¿De qué me sirve cuando al mundo vuelvas si no me vuelve mi Licori amada, flor marchitada por la saña impía de ábrego fiero. ¡Ay, cara esposa por mi mal difunta! ¡Ay, dulce prenda por mi mal perdida! ¡Ay, vida ida! ¿cómo no me has dado trágica muerte. ¿Qué viste en Tirsis. Dime ¿en qué delito pudo ofenderte. ¿cómo le dejaste que no llevaste tras de ti al cuitado su ánima triste. Allá te has ido a la región más pura ausente y lejos de tu Tirsis amado, quien inundado en denegrido llanto mísero muere. ¡Ay, queda, queda en sempiterno olvido de estos cipreses lúgubres colgada, y destemplada a los futuros siglos cítara mía!
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