Retorno (Nadie podría interrumpir el reposo de la bóveda terrestre) de Teófilo Cid

Nadie podría interrumpir el reposo de la bóveda terrestre Aquí el silencio ha juntado sus labios para nunca pronunciar palabra Que pudiera profanar la ostensible flor que cae Como un junco en la ribera de los sueños. Un sol amarillento acaricia el pórtico Mientras haya aún verdad para la muerte y queden hombres Por caer hacia su túmulo Como caen los costados de los ríos en las sórdidas vertientes sin celaje El tiempo está temblando Temblando como un ópalo en la mano De este día jubiloso Yo sé que este día, sin embargo, no puede interrumpir el curso De los muertos que aquí yacen Esparcidos como frutas Aunque el gallo en su plumaje de guerrero etrusco y asoleado Borre con la esponja de su canto La indescifrable desdicha de la vida Y los gorriones veloces y las cautivas golondrinas Impongan un blasón de idilio a la comarca La tierra está sorbiendo nuestras lágrimas Bebiendo la salud que se nos va La alegría que perdemos a medida que vivimos La tierra está atrapándonos la sombra que el sol proyecta mediante nuestros sueños Ella combina con su química dorada la esencia de la luz El aroma de la esbelta peripecia que añoramos A las fórmulas más dulces de la ciencia de la vida. Y esa causa de inocencia nos induce a perpetuar la reverencia Que sentimos por la dulce redondez de sus regiones Donde cálido el amor anida a veces Y se teje la aureola del deseo Más amado cuanto más eliminado No existe ungüento parecido al eco de la vida Cuando cae sobre el cáliz De la flor de los que callan Ellos escuchan envueltos en terrestres ropajes de sonoridad Detenidos ante las vagas conversaciones, Como ante una llave de sol Escuchan el paso de los caminantes Escuchan el hastío de sus voces taladradas de terror Y conocen el origen de sus nieblas musicales Los muertos son sabios porque no andan Porque no buscan porque no anhelan Y conocen además la soledad La que tanto nos asusta cuando faltan las palabras Y un esplendor de musgo nos crece entre los párpados. Los muertos carecen de sentido propio Ni hablan ni opinan pero tienen no obstante Valor, personalidad Para herir con su acento extranjero El idioma que hablamos cuando hablamos de amor Ellos saben por qué el olvido nos está acechando Y por qué el amor sin el olvido atroz sería Ya que los muertos, muertos son porque vivieron Y el tiempo les dejó su huella para tenderse Una huella que el deseo ha cubierto con sus árboles nativos Una huella en donde el viento sopla como sobre un páramo Y en donde el rostro de la vida pierde su sombría intensidad Así los muertos escuchan por medio de las hojas entreabiertas El marítimo rumor de la sangre humana La cascada de pesar Que espuma la corriente del lenguaje Si vosotros estuvierais siempre atentos Al llamado de sus cuerpos ataviados para el llanto Las palabras sonarían como pompas de silencio Ante la bóveda terrestre La barbarie transparente se ha poblado de bocinas Y de túnicas ardientes ¿Cuántas veces la estación primaveral Ha hecho el júbilo del mundo Provocando una ilusión de eternidad? Si recuerdo aquel verano No es por gusto de su fértil geografía Ni por ser aquel verano La enjoyada pedrería Del deseo jubiloso Fue tal vez porque soñaba Con hallar tu rostro puro desvestido Tu rostro sin candor y sin fiereza Apoyado en el estambre De una étnica embriaguez Solitario Con sus ojos temblorosos cual batallas Entregado al dulce sino de callar Conmovido sin embargo hasta la médula natal Rostro abierto de vendimia Sobre el riente tornasol Centellante en los enigmas que propone Devorado por la altura de la luz Que lo emigra, de período en período, De una época a otra época fugaz Si recuerdo aquel verano Con sus púberes manzanas y sus árboles cautivos No amaba amar en ese tiempo Cuando era cual vosotros un pigmento de familia Raza humana o bandera nacional Tenía demasiados dones que ocultar Mucha luz que obscurecer Munido estambre de jardín electrizante El sol llegaba a mí desde los dedos Que lo iban despojando De su cólera carnal (Era un sol como el que miran Los bañistas ejemplares Y que embebe de verdor los viejos céspedes) Pero ahora los caminos Han perdido su papel de antiguo encanto Tal secas lanzas sus veredas se han hundido En mi costado Poseer acaso el único resabio La piel que cubre el cuerpo de los versos Es todo lo que hallo Cuando trato de saber lo que poseo Despojos ya sin sangre Es todo Yo he sentido a veces que el amor Como un cabello caía ante mis ojos Nublando la esencia del paisaje Gris en que me muevo Por forzoso automatismo He sentido en la mirada el nacimiento De un cristal preconizante En cuyos finos lóbulos de cuarzo Un huevo angélico nacía Precioso de ese don yo estaba triste Sin embargo de sentir El grave peso de un emblema Cuya enorme lucidez no comprendía El amor me ataba el sol a las espaldas Poniendo distancia de soledad Entre cada arterial presión de las palabras Por eso me embargaba el deseo generoso De hablar con todo el mundo De abrazar alguna orden extranjera A los dominios conocidos de mi imperio personal El amor me convertía en vaso roto Y en fisura estrellada mis pensamientos Por donde me derramaba En un fluir constante de medusas Y compactos traumatismos de la infancia No Es tal vez porque el verano aquí presente Nada dice nada canta nada oculta Y en vértice de amor y sufrimiento Abro un ángulo hacia el tiempo irremediable Por amar lo que he perdido Vivo a tientas despojado de la luz Vivo ciego en un transcurso mineral transfigurado Por un hálito de piedra y de cemento.
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