Tríptico de la noche (I) de Teófilo Cid

¡Oh noche! ¡Oh noche! Detén a los paseantes con el rumor de aurora de tus astros extasiados. El amor es la razón de tus árboles dormidos, del silencio que corre por tus venas aurorales porque en ti las bocas son nidos y las palabras aves que pronuncian tu mensaje. ¡Oh noche! Detén a los paseantes que surgieron como una onda física, como un axioma en flor. Deténlos en la aurora de sus besos, perfílalos de umbral contra el silencio, que sea eterno el ángulo que dibujan sus deseos. ¡Oh noche! Tú que tienes el valor del día y que escondes en tu índole un sol nuevo. Tú puedes contra el tiempo revivir en verdes pinos, azular el espacio detenido en una huella, hacer que el lecho vibre con un ópalo… ¡Oh noche! Tú que puedes detener a los amantes, detén a estos viajeros que han llegado sin aliento. Son ellos los viajeros que ayer partieron desde un beso y que ahora se pasean por un nimbo sin designios. Ahora sus pupilas centellean, cruzan sus espadas para quedar impresas en panoplia eternizada. Ellos tienen un secreto que compartir contigo, un secreto que un pensil de instinto ha levantado. ¡Oh noche! Detén a los amantes con el rumor de aurora de tus astros extasiados.
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