Sarajevo de Sergio Badilla

Hay fachadas de edificios destruidos por la guerra individuos desdoblados en la fugacidad del tiempo siluetas que construye la noche sus propias semejanzas Estaciones de tren donde nunca llega el alba ruidos gritos murmuraciones de gente apresurada el día se cae hecho pedazos explosiones sirenas estridencias de fusiles y metrallas Un relámpago destiempla de súbito la frágil presencia de la tarde La lluvia surge pronta la ciudad se anega de dolores y de barro Unos hombres salen en cortejo a enterrar sus muertos La ciudad es hostil profundamente hostil y vulnerable Claman por piedad los desconsolados los ancianos la multiplicidad de sus penas La tarde sigue siendo una antojadiza espía posa su sombría relevancia en los detalles Los caminos no permiten que la guerra abandone esta destruida urbe están cortados con una profunda herida Ella también y el neón las luces de los escaparates de las tiendas Ya nadie hace culto al fetichismo de la época se mata para oficiar la barbarie de los malvados días y los cuerpos pierden suficiencia La dignidad descendida a la tierra repugnante bajo un centenar de escombros yace de vulgares cascajos La sombra alcanza una atrevida destreza en la zona prohibida la ruina tendrá después de todo su nefasto epicentro Un francotirador apunta su villanía al caer la noche el humo entorpece la visión existente entre los muros y las piedras se traspone el silencio y brota con claridad una profusión de llanto una nueva ráfaga parcela las osamentas cuando acaba el derrumbe los vestigios están allí presentes ¿adónde irán a parar los siervos de la gleba? los transeúntes los trágicos peregrinos de la guerra El río está próximo las madres lloran los pájaros vuelven tímidamente a remontar el vuelo Madre: todavía hay lugar para una ofrenda
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