Volver a casa de Alejandro Aura

Un día
abandonaremos
la ciudad de México;
la dejaremos en pie y desierta
para que
las conjeturas
crezcan,
y nos iremos a fundar
en otra parte
nuestras maravillas.

2

El jueves en la mañana
despertamos alegres,
llenos de sueños.
Desayunamos dorados panes
y jugos de las frutas;
bañamos en agua tibia
nuestros cuerpos sencillos
y salimos a mirar el sol.
Redonda y fina en calidad
fue la voz grande
de los demás.
— Vámonos,
ya vámonos,
se oía cantar.

15

Epitafio
Octavilla en la tumba de Juan de Mena, escrita
posiblemente por algún contemporáneo suyo:

Me vy en necessidat
de crear un castellano
que fuess’ al tiempo que humano
de buena sonoridat.
En verdat,
no fue cosa passajera
hacerlo que floresciera e—
n soledat.

27

Ay qué buen pecho tienes
bajo la blusa,
ganas me dan
de engañarte
para que me lo enseñes.

37

Cada vez que un pájaro
cantaba
nacía uno de nosotros,

cada vez que una flor
se abría
nacía uno de nosotros,

cada vez que un arroyo
se formaba
nacía uno de nosotros,

cada vez que un amanecer
se alzaba
nacía uno de nosotros,

cada vez que una mujer
paría
nacía uno de nosotros

listo para vivir
a todo viento,
libre de la desdicha
y de la dicha.

38

Sangre de la ciudad,
si yo hubiera sido hermoso,
alma de la ciudad,
si hubiera sido honesto,
cuerpo de la ciudad,
si diáfano,
ojos de la ciudad,
o si valiente,
voz de la ciudad,
o enamorado cierto,
calles de la ciudad,
o algo
no tan ilusorio,
ciudad de mi ciudad.

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