De «Poemas de guerra» de Carl Sandburg

Asesinos

A vosotros canto
con voz queda, como la del hombre que habla con su hijo
muerto;
con la dureza de un hombre esposado,
sujeto allí donde no puede moverse.

Bajo el sol
hay dieciséis millones de hombres
elegidos por sus dientes brillantes,
su buena vista, sus piernas duras
y porque corre en sus muñecas la sangre caliente y joven.

Y un jugo rojo corre por la verde hierba;
y un jugo rojo empapa la oscura tierra.
y los dieciséis millones asesinan…y asesinan y asesinan.

Nunca los olvido, ni de noche ni de día:
me golpean la cabeza para que los recuerde,
me baten el corazón y yo les devuelvo el grito
y grito a sus hogares y mujeres, a sus sueños y juegos.

Despierto en plena noche y me llega el olor de las trincheras
y escucho la leve agitación de los que duermen en hilera…
Dieciséis millones de durmientes y piquetes a oscuras:
algunos ya durmientes para siempre,

algunos a punto de dormir mañana, dando tumbos, para siempre,
clavados tras la estela de la pena negra del mundo,
comiendo y bebiendo, empeñados en la faena… en un
largo trabajo de asesinos.
Dieciséis millones de hombres.

Versión de Miguel Martínez-Lage

* * *

Entre rojas escopetas

(Tras despertar al alba una mañana, cuando el viento cantaba con
voz baja entre las ramas secas de un olmo)

Entre rojas escopetas,
en los corazones de los soldados .
corre la sangre libre
en la larga, larguísima campaña:
siguen los sueños.

Entre las monturas de cuero,
en las cabezas de los soldados,
recios en la tortura y la matanza
de toda lucha cuerpo a cuerpo:
siguen los sueños.

Entre los cañones que abrasan,
en las manos de los soldados,
traídos de los pliegues de carne de las mujeres…
blandos en medio de la sangre y el llano…
en todas vuestras cabezas, todos vuestros corazones,
entre las escopetas, las monturas, los cañones:

Los sueños,
siguen los sueños
entre los muertos boca arriba,
destrozados, inútiles ya del todo:
los sueños del camino y la meta siguen intactos.

Versión de Miguel Martínez-Lage

* * *

Estadística

Inquieto, Napoleón
cambió de postura en el viejo sarcófago
y murmuró al vigía:
«¿Quién va?»
«Veintiún millones de hombres,
soldados, ejércitos, armas,
veintiún millones
a pie, a caballo, por aire,
bajo el mar.»
Y Napoleón volvió a conciliar el sueño.
«No es mi mundo el que responde:
será un soñador que no sabe
nada del mundo en el que avancé
desde Calais hasta Moscú.»
Y siguió durmiendo
en el viejo sarcófago
mientras el zumbido
del motor de los biplanos
se desgranaba entre el mausoleo de Napoleón
y las estrellas frescas de la noche.

Versión de Miguel Martínez-Lage

* * *

Fauces

Siete naciones se plantaron con las manos en las fauecs
de la muerte.
Era la primera semana de agosto, mil novecientos catorce.
Yo escuchaba, escuchabas tú, el mundo entero a la escucha,
y todos nosotros oímos una Voz que murmuraba:
«Yo soy el camino y la luz.
el que cree en mí,
no perecerá,
sino que salvará su vida eterna».
Siete naciones aguzaron el oído y oyeron a la Voz y
respondieron:
«¡Al demonio!»
Las fauces de la muerte comenzaron a entrechocar y
siguen entrechocando:
«¡Al demonio!»

Versión de Miguel Martínez-Lage

* * *

Guerras

En las guerras de antaño, el tamborileo de los cascos y el
rumor de pies calzados.
En las guerras nuevas, el runrún de los motores y el siseo
de neumáticos.
En las guerras por venir, ruedas calladas y zumbido de
cañas que aún no se han soñado en las cabezas de
los hombres.
En las guerras de antaño, empuñar de espadas cortas y
embates de las lanzas en los rostros.
En las guerras nuevas, armas de largo alcance y muros
destrozados, armas que escupen metal y hombres
que caen a decenas, a centenas.
En las guerras por venir, nuevas muertes calladas, nuevos
lanzadores callados que aún no se han soñado en
las cabezas de los hombres.
En las guerras de antaño, reyes que disputan y miles de
seguidores.
En las guerras nuevas, reyes que disputan y millones de
seguidores.
En las guerras por venir, reyes pisoteados en el polvo y
millones de seguidores de las grandes causas, que
aún no se han soñado en las cabezas de los
hombres.

Versión de Miguel Martínez-Lage

* * *

Hierro

Armas,
largas armas de acero
que apuntan desde los buques de guerra
en nombre del dios de la guerra.
Armas rectas, brillantes, bruñidas,
a las que se encaraman los reclutas de camisa blanca,
la gloria de los rostros tostados, el cabello revuelto, los
dientes blancos,
la risa de los ágiles reclutas de camisa blanca,
sentados a horcajadas en las armas con sus cantos de
guerra, con sus bélicas salomas.

Palas,
anchas palas de hierro
que recogen carbón de las bodegas ahusadas,
remueven la turba, nivelan la tierra.

Os pido
que seáis testigos
de que la pala es hermana del arma.

Versión de Miguel Martínez-Lage

* * *

Murmullos en un hospital de campaña

(Lo recogieron en el prado, donde llevaba dos días tendido bajo la
lluvia, con una esquirla de metralla en los pulmones)

Ven a mí ahora sólo con juguetes…
Una foto de una mujer que cante y tenga los ojos azules
de pie ante un seto de hortensias, amapolas, girasoles…
o un anciano al que recuerdo contar cuentos a los niños,
cuentos de días que nunca sucedieron, en ningún rincón
del mundo…

Se acabó el hierro frío y duro de manejar,
torneado para emprender la carga.
Tráeme sólo cosas bellas, inútiles.
Sólo cosas del hogar, tocadas por la luz del atardecer, en
la quietud…
y en la ventana, un día de verano,
el amarillo en el nuevo cuenco de la mantequilla
frente al rojo de las rosas que trepan…
y que el mundo sólo fueran juguetes.

Versión de Miguel Martínez-Lage

* * *

Y obedecen

Aplastad las ciudades.
Haced añicos las murallas.
Destrozad fábricas y catedrales, almacenes y hogares;
apiladlos como caigan, entre escombros y madera
renegrida y quemada:
sois soldados y os lo hemos ordenado.

Construid las ciudades.
Levantad de nuevo las murallas.
Reparad fábricas y catedrales, almacenes y hogares;
apiladlos en forma de edificios para la vida y el trabajo:
sois obreros y ciudadanos todos, y os lo hemos
ordenado.

Versión de Miguel Martínez-Lage

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