En los otros ochenta, cien veranos que marcharon de Derek Walcott

En los otros ochenta, cien veranos que marcharon como la luz de un paraíso doméstico, la idea del cielo de un hedonista era el aparador de una cocina francesa, manzanas y garrafas de arcilla de Chardin a los Impresionistas, el arte era une tranche de vie, queso o pan horneado en casa- la luz, en su opinión, era lo mejor que el tiempo ofrecía. El ojo era la única verdad, y aquello que atraviesa la retina se desvanece al amanecer; la profundidad de nature morte era que la propia muerte es sólo otra superficie como el lienzo, pues pintar no puede capturar el pensamiento. Cien veranos que se fueron, con el acordeón que hace olas, faldas almohadilladas, grupos en botes, golpes blancos como zinc en el agua, muchachas cuyas mejillas ruborizadas no sobrevivieron a sus rosas. Entonces, como tubos desecados, los soldados retorcidos se amontonaron en el Somme y Verdun. Y los muertos menos reales que una explosión fatal de crisantemos, idéntico carmesí para la naturaleza muerta y la matanza de jóvenes. Tenían razón -todo le vale al pintor con su caballete puesto como un fusil en los hombros. Versión de Vicente Araguas Huerga y Fierro Editores
Añadir un comentario
Leer la poesía En los otros ochenta, cien veranos que marcharon del poeta Derek Walcott en el sitio Blogpoemas - los mejores poemas hermosos sobre el amor, la naturaleza, la vida, la Patria, para niños y adultos en español de los célebres poetas clásicos.