Madurez de Yolanda Bedregal

Ya no tiene mi sangre la sustancia de miel cobarde y tentador aroma. El látigo del tiempo cristaliza secos rubíes de irisado fuego. Cuando era flama de hojarasca, ardía sobre las bocas en voraz relumbre; hoy es carbón ardiente en el rescoldo de sol madura en pródigo entregarse. Quien me tomara como virgen campo, se fue tras la moneda de la luna y no sabe cuán densa ha florecido su pisada casual de vagabundo. Y el otro, en la renuncia del tesoro, que daba muerte para darme dicha, heló mi corazón en un espejo donde está nuevo lo que está finito. Encuentro y desencuentro fue condena tocando simas de halagüeño infierno para subir en rotos eslabones como planetas libres al desastre. ¡Qué terca lava se fraguó en mi sangre! Si por encanto el tiempo recobrara, repudiaría Lázaro en mi pecho la miel cobarde en los rubíes secos.
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