Nacimiento de Yolanda Bedregal

Ultimo día del invierno y primero de la primavera. Ultimo día de la tibia tiniebla de la entraña para entrar en la fría luz del mundo. Yo estaría madura de la sombra, de la nada, del amor: madura de la carne en que crecía. Y asomo mi cabeza con un grito: flor de sangrante herida cúspide lúcida del dolor mas hondo jubiloso momento de tragedia! Mi madre habrá tenido sus ojos, lacrimosa, a la semilla de las cruces. Nadie pensaba entonces que relojes de cuarzo o girasol la esperarían. Al vórtice de esta hora, cuantos muertos habrá resucitado en el vagido que tenia la alcoba de luz verde. Yo habría de cumplir cuantos designios, tendría que repetir la mascara de algún antepasado quién sabe la ponzoña de su alma, o su nobleza; realizar sus venganzas, restañar sus fracasos. Venir de la resaca de unos seres lejanos que se amaron un día que se encadenaron con la vida ser argolla mas de esa condena. Saber que somos frutos de un punto de alegría y ese germen, ¡Dios mío! desde qué grietas sube, de qué simas? De la tibia tiniebla a la luz fría hendiendo vida y muerte la frágil levadura su eternidad mordida.
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